La gente lo miraba raro, todos angustiados, sin entender. Y el no se daba cuenta, no le importaba, seguía adelante. No hablaba ,intentaba no estornudar o toser para que nadie hiciera un comentario terrorista que implicara una posterior conversación, que arruinára su sagrada vigilia. No se podía dar esos lujos. La espera era la espera. Decidió organizar su agenda de manera tal que le permitiese quedarse en casa los últimos días, no competía con los que se quedaban así años, les ganaba. El telefono sonaba, los despertadores avisaban, las luces se apagaban y se prendían, sus mascotas intentaban interactuar con él, jugar. Saltaban, le traían cosas, hasta comida. Pero nada, estaba en trance. De repente, muy de repente, divisa un trozo de sobre blanco en la boca de su perra, con fecha de hace dos días...
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